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CARTA DEL DIRECTOR

Ed. 116

No podemos desistir, sino persistir

23OCT1“Colombia ha venido sufriendo el impacto de una dura prueba desde 1930, agudizada en 1948, a la que, por sus características siniestras, se ha denominado “la violencia”. Mucho se ha descrito sobre ella, pero no hay acuerdo en cuanto a su sentido. Se acentúa, en cambio, el peligro de habituarse a la situación patológica que conlleva.

En efecto, la nación carece de la noción exacta de lo que fue la violencia, ni la ha sopesado en toda su   brutalidad aberrante, ni tiene indicios de su efecto disolvente sobre las estructuras, ni de su etiología, ni de su incidencia en la dinámica social, ni de su significado como fenómeno y mucho menos de su trascendencia en la psicología del conglomerado campesino; ni de las tensiones que creó, ni de la crisis moral que presupone, ni del enjuiciamiento que implica a los dirigentes de todo orden, ni del llamado que formula a una permanente, eficaz y serena meditación del problema que plantea. En parte se debe esto a que la bibliografía sobre la violencia ha echado por el atajo de la escueta enumeración de crímenes repugnantes con inculpaciones partidistas o de la fácil casuística lugareña vertida en novelas que no han logrado todavía la total dimensión interpretativa del fenómeno. Quizás estén inmaduros los aportes para la obra definitiva.”

Escuela, territorio de paz

Ed. 116

23OCT2¿Qué es la escuela como territorio de paz, cuál es su sentido? ¿Por qué y para qué hablamos de la escuela como territorio de paz? ¿Con quiénes y cómo construimos las Escuelas como Territorios de Paz? Estas preguntas sitúan la escuela en los territorios regionales y locales concretos y reales, de conflictos y de violencia de todo tipo2, que deshumanizan y deterioran las condiciones materiales y subjetivas de la vida. Estos interrogantes los proponemos para pensar, comprender y aprender de las realidades de las escuelas con relación a los contextos de guerra en donde han sido afectadas por la presencia de las víctimas y victimarios, por las acciones de las fuerzas armadas del Estado, la insurgencia y el paramilitarismo; también por las condiciones de desigualdad económica y social que se han venido profundizando con la implementación de las políticas neoliberales durante los últimos veinte años. 

 

 

 


 

 

La participación democrática en Colombia

Ed. 116

 

23OCT3

1. Pienso que lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y las posibilidades de este combate. Sobre todo, no oponerle a la guerra, como han hecho hasta entonces casi todas las tendencias pacifistas, un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad, una entropía social. En realidad la idealización del conjunto social, a nombre de Dios, de la razón o de cualquier cosa, conduce siempre al terror y, como decía Dostoievski, su fórmula completa es “Liberté, egalité, fraternité… de la mort”.

Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo.

 

 

 

 

 


El diálogo,

un espacio para la ética y la democracia

Ed. 116

23OCT4Comprender la cruenta sacudida de violencia que hoy agobia a Colombia, entraña la necesidad de asumir criterios participativos que rebasen los tan corrientemente utilizados por algunos estudiosos e investigadores que fácilmente caen en reduccionismos academicistas. Así, llegan a proponer como explicación suficiente del fenómeno de la violencia una supuesta proclividad al odio, ancestral en el hombre colombiano, o una especie de sino trágico que caracterizaría nuestra historia nacional. 

 

Consecuentemente con tales interpretaciones, desde las más variadas perspectivas sociológicas y políticas se nos indica que si en algún lugar es cierto aquello de que la violencia es la partera de la historia es en nuestro territorio, los predicadores de la crueldad y la barbarie nos asedian desde los más diversos ángulos: 

 


Escuelas, tierra y paz en Colombia

Ed. 116

 

23OCT5Por la invitación sabía que ésta no sería una visita normal a una escuela. Mi esposa Bárbara y yo viajaríamos por las montañas de los Andes para visitar una escuela indígena que se encuentra en la encrucijada del futuro de Colombia.

 

 

La escuela, Institución Educativa Natalá, es un importante bastión del pueblo Nasa que trata de proteger su idioma, su cultura y su tierra. Los Nasa son una entre los aproximadamente 100 grupos indígenas que habitan en Colombia, donde la lucha para proteger las tierras indígenas es una cuestión fundamental del acuerdo de paz emergente del país.

 

 

He sido maestro bilingüe y activista sindicalista en los Estados Unidos durante más de tres décadas. Bárbara y yo llegamos a Colombia en septiembre y permanecimos ahí varios meses para mejorar nuestro español y encontrarnos con activistas de la educación. Era un momento histórico. Después de un acuerdo de paz inicial en La Habana, en septiembre pasado, el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fijaron la fecha de marzo de 2016 para llegar a un acuerdo final.


Tabla Informativa

 

 

Tabla123OCT

Tabla Informativa

 

 

Tabla223OCT

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