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Escuelas, tierra y paz en Colombia

Ed. 116

 

23OCT5Por la invitación sabía que ésta no sería una visita normal a una escuela. Mi esposa Bárbara y yo viajaríamos por las montañas de los Andes para visitar una escuela indígena que se encuentra en la encrucijada del futuro de Colombia.

La escuela, Institución Educativa Natalá, es un importante bastión del pueblo Nasa que trata de proteger su idioma, su cultura y su tierra. Los Nasa son una entre los aproximadamente 100 grupos indígenas que habitan en Colombia, donde la lucha para proteger las tierras indígenas es una cuestión fundamental del acuerdo de paz emergente del país.

He sido maestro bilingüe y activista sindicalista en los Estados Unidos durante más de tres décadas. Bárbara y yo llegamos a Colombia en septiembre y permanecimos ahí varios meses para mejorar nuestro español y encontrarnos con activistas de la educación. Era un momento histórico. Después de un acuerdo de paz inicial en La Habana, en septiembre pasado, el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fijaron la fecha de marzo de 2016 para llegar a un acuerdo final.

En todas partes de Colombia, desde ciudades cosmopolitas como Bogotá y Medellín hasta el pueblecito más pequeño, la gente mantenía una reservada esperanza de que los acuerdos de paz terminaran con la guerra de guerrillas más larga en la historia de América Latina, prolongada a lo largo de más de medio siglo. Por mucho tiempo, Colombia ha sido un país donde las vastas áreas rurales están bajo el control de fuerzas extragubernamentales, sea de las fuerzas paramilitares, las empresas mineras, los narcotraficantes o los guerrilleros izquierdistas.

Estas áreas tienen mucho que perder si se aplican mal los acuerdos, ya que podría crear un vacío de poder que permitiría que las bandas armadas dominen las áreas rurales, así como una mayor explotación de los recursos de Colombia y un mayor desplazamiento de campesinos y pueblos indígenas.

Plinio Ñuscue, un miembro de la Guardia Indígena del Cauca, quien nos acompañó durante nuestra visita escolar, nos explicó que la tierra siempre ha estado en el centro de la lucha por el poder en Colombia: “Nuestros antepasados vivían de las llanuras cuando llegaron los colonizadores (españoles). Querían nuestra tierra y obligaron a nuestros antepasados a irse a las montañas. Ahora, cuando se han descubierto que esas montañas son ricas en minerales, también quieren tomar estas tierras. No nos iremos de aquí”.

Un miembro de la tribu Nasa que asiste a la Universidad Santiago de Cali, donde yo tengo varios amigos entre el profesorado, nos invitó a visitar la escuela. Junto con dos amigos de la universidad, nos encontramos con los guardias indígenas en un pequeño pueblo cerca de dos horas de la ciudad de Cali. La Guardia Indígena del Cauca se formó hace años para proteger a la gente Nasa y sus tierras. Sus armas son el respeto de la comunidad y unos bastones de madera adornados con cintas rojas y verdes que significan “Sangre y Tierra”.